Cancelación de Pepito atenta contra la libertad de prensa — 16 julio, 2017

Cancelación de Pepito atenta contra la libertad de prensa

Imagen pertenece al dominio público.

GFR Media eliminó la caricatura luego del reclamo de líderes novoprogresistas.

El 13 de julio de 2017 la empresa GFR Media canceló la tirilla cómica de Pepito, que se publicó en la versión impresa de ese diario por espacio aproximado de diez años, luego de que dos días antes el personaje de Pepito comparase a la representante novoprogresista María Milagros “Tata” Charbonier con un zafacón.

A continuación, se incluye una imagen de la tirilla cómica de Pepito que provocó su cancelación definitiva del periódico Primera Hora.


Imagen de la tirilla obtenida del portal cibernético Cyber Box PR.

En este blog he reiterado que las expresiones de sátira o parodia -categorías que cobijan a la tirilla cómica creada por los caricaturistas Harold Jessurun y Aníbal Quiñones– están protegidas por el derecho constitucional a la libertad de expresión. Les remito en su totalidad a lo discutido sobre ese tópico el pasado 10 de junio.

En este blog también he expresado la importancia de salvaguardar la libertad de expresión y prensa en una sociedad que aspire a llamarse democrática.

A mis estudiantes que son -o aspiran a convertirse en- periodistas destacados en el entorno digital les recalco hasta el cansancio que deben ser férreos defensores de la libertad de expresión, pues “se nos va la vida en ello”.

Sobre este particular, los caricaturistas Harold Jessurun y Aníbal Quiñones también tienen palabras de las que es posible hacerse eco.

La libertad de expresión no sólo es importante en sí misma, sino que también es esencial para que otros derechos humanos puedan ser realizados“, expresaron los caricaturistas en una nota publicada en la página oficial de Pepito en Facebook, reproducida posteriormente por la revista 80 Grados.

En el mismo espacio, ambos caricaturistas añadieron que “la crítica humorística busca corregir un error, la injusticia, la carencia, la insuficiencia o un malestar, ya que el humor logra que los acontecimientos cotidianos sean más palpables y adquieran un nuevo sentido”.

En entrevista con Wapa TV, Jessurun y Quiñones, así como Arturo Yépez, presidente de la Asociación de Caricaturistas de Puerto Rico, expresaron acertadamente que consideran la acción de GFR Media como un atentado a la libertad de expresión.

La relacionista profesional Sandra Rodríguez Cotto fue más allá al opinar sobre este asunto cuando manifestó algo que suscribo en este espacio, y es que este suceso demuestra que “la libertad de expresión y la libertad de prensa peligran en Puerto Rico“.

Bien podría argumentarse que GFR Media y el periódico Primera Hora constituyen un medio de comunicación que, como empresa al fin, tiene todo el derecho de determinar qué línea editorial avalar y cuál rechazar.

Sin embargo, lo preocupante de este caso es que la cancelación de la tirilla -seguida de una disculpa pública de parte del medio que publicó la caricatura presumiblemente a sabiendas de su contenido– sucediera tras una comunicación escrita dirigida a María Luisa Ferré Rangel, presidenta y editora de GFR Media, de parte de Carlos “Johnny” Méndez, Presidente de la Cámara de Representantes.

Ante toda esta controversia, la pregunta medular que debe subsistir en la mente de todos y todas es la siguiente, independientemente de si les gustó la caricatura o no, es la siguiente: ¿Qué confianza puede tener el pueblo en un medio de prensa qué decide qué publicar -o se retracta de lo ya publicado- luego de recibir quejas del gobierno de turno?

Sobre este aspecto, el abogado Armando Valdés expresó con acierto en una columna de opinión publicada en el periódico Metro que “si los medios pretenden representarnos, hablar como nosotros, ser brújulas éticas y ostentar la fuerza moral para enfrentarse al poder, no pueden claudicar por intereses y presiones ajenas a su deber público“.

En cuanto al rol que debe asumir la prensa, les remito a las palabras de los propios Jessurun y Quiñones, cuando expresaron en la nota reproducida por 80 Grados, lo siguiente: “Es el deber de la prensa abogar por una sociedad que reconozca los beneficios de un sector artístico y cultural libre“.

¿Desmentir o bloquear las noticias falsas? — 19 junio, 2017

¿Desmentir o bloquear las noticias falsas?


Caricatura de: Frederick Burr Opper. Imagen pertenece al dominio público en Estados Unidos por su antigüedad.

La proliferación de fake news plantea cuestionarse qué medida sería más adecuada.

Si bien la digitalización de los medios de comunicación representa una ventaja en la medida que cada vez contamos con mayor variedad de fuentes de información diversa, lo cierto es que en ocasiones distinguir datos fidedignos de publicaciones falsas puede convertirse en un verdadero reto.

En el espacio cibernético los medios que cuentan con protocolos serios para corroborar la información que publican coexisten a la par con quienes difunden datos imprecisos por razones que van desde la comisión de errores por descuido, hasta la propagación de los ya famosos hoax.

Ante la “amenaza” que muchos pueden ver en la difusión de información falsa, según el periódico The Guardian, plataformas de propagación masiva de contenidos, como lo es el caso de la red social Facebook, se han propuesto idear mecanismos para identificar, controlar o incluso bloquear estos artículos.

Para más detalles sobre las noticias falsas y cómo Facebook se propone controlarlas, vea el siguiente video.

La información falsa goza de protección constitucional

En Estados Unidos y Puerto Rico, en virtud de la supremacía del derecho constitucional a la libertad de expresión, tanto la Corte Suprema como el Tribunal Supremo local, respectivamente, han rechazado de modo consistente cualquier intento de censurar la publicación de información, aun a pesar de su posible falsedad.

En cambio, si quien publica la información falsa es demandado por difamación, no cabe dudas de que estaría a expensas de responder por los daños que dicha publicación haya podido causar a la reputación del sujeto difamado. Ello siempre que no se trate de escritos de sátira, de parodia o hasta opiniones, pues la protección de estos va aún más allá, al no considerárseles difamatorios.

A nivel de derecho internacional, la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos y el Relator Especial de las Naciones Unidas (ONU) -junto a otros dos relatores- rechazaron en su declaración conjunta de marzo de 2017, el bloqueo o la censura de las noticias falsas.

“Las prohibiciones generales de difusión de información basadas en conceptos imprecisos y ambiguos, incluidos “noticias falsas” (“fake news”) o “información no objetiva”, son incompatibles con los estándares internacionales sobre restricciones a la libertad de expresión […]”, se expresa en los estándares sobre desinformación y propaganda de la declaración conjunta.

Publicar información veraz es un imperativo ético

A pesar de que no se debe promover el bloqueo de contenidos por su mera falsedad, conviene aclarar que en la declaración conjunta antes citada sí se apela a principios éticos, como medida para desincentivar este tipo de publicación. Ello, en la medida que datos inexactos abonan a la desinformación y en ocasiones son punta de lanza para la difusión de propaganda.

“Los actores estatales no deberían efectuar, avalar, fomentar ni difundir de otro modo declaraciones que saben o deberían saber razonablemente que son falsas (desinformación) o que muestran un menosprecio manifiesto por la información verificable (propaganda)”, se consigna en la declaración conjunta.

No cabe duda de que el entorno digital no debe ser un espacio para prohibir la publicación de información, sino que su potencial democratizador provee las herramientas necesarias para combatir estos datos mediante su refutación y no por medio de censura.

Ya lo expresó la Corte Suprema desde los años 50, cuando interpretó en Dennis v. United States que la base de la Primera Enmienda es fomentar que la palabra sea refutada por la palabra, que la propaganda sea contestada con propaganda y que el libre flujo de ideas resulte en las políticas gubernamentales más sabias.